La primera piedra
       
 

 

Esta ceremonia de colocar la primera piedra gusta mucho a los políticos, de tal forma que la alargan todo lo que pueden y por eso colocan la segunda, la tercera y todas las que sean posibles con el fin de ocupar portada en los medios de comunicación que, en muchos casos, entran al trapo con bastante facilidad en estos acontecimientos y lo colocan en sus primeras páginas. Ya saben, si no sales en los medios no eres nadie...... Lo correcto sería dar la noticia a la puesta en marcha del proyecto, es decir, a la colocación de la última piedra, de modo simbólico. Es lo que ocurría antes cuando se terminaba un edificio, se colocaba en el tejado una bandera. Pero todos sabemos que entre la primera piedra y la última pueden pasar mucho años o que no se llegue a colocar la última en la vida. Tenemos muchos ejemplos de casos así. ¿Cuántas veces se ha inaugurado el Hospital Virgen de la Concha?. Posiblemente tantas veces como plantas tiene el complejo sanitario, que con ello ha demostrado hasta la saciedad el aguante que tenemos los zamoranos, que en un tema tan fundamental y sensible como la salud, no hemos hecho nada por evitar esta desidia y tomadura de pelo. ¡Ojalá en estos casos se aplicase la sentencia bíblica modificada: "el que esté libre de todo pecado que coloque la primera piedra"!. Nos libraríamos de un montón de inauguraciones. Esa constancia y ese afán de protagonismo son dos rasgos que acercan a las dos profesiones de moda: la de político y la de concursante de reality show.

Pero pienso que para todo hay que valer, tener una madera especial para aguantar sin rubor ciertos actos y declaraciones que realizan los políticos. Lo estamos viendo en estos días en que la bronca entre los dos principales partidos del país ha alcanzado unos niveles vergonzantes. Es curioso cómo le cambian a uno algunos políticos al pasar del poder a la oposición. De aquél que pensabas que era moderado y sensato en sus juicios y valoraciones, te encuentras en un santiamén con un radical y catastrofista. Y todo ello poniendo la misma jeta ante los medios. Por eso digo que hay que valer: posiblemente muchos de nosotros no seriamos capaces, nos pondríamos colorados o nuestro tono de voz sonaría distinto. Vaya, que se notaría que algo no casaba interiormente.

Y con todo ello, me pregunto, ¿Cómo se llevan entre sí el interior y el exterior de un político?. ¿Van más al sicoanalista que el resto de los mortales?. ¿Tienen pesadillas por las noches?. ¿Cómo inluye en sus relaciones familiares y afectivas?. Digo yo que cuando exista una contradicción entre el interior y el exterior- lo que se dice y lo que se piensa- la persona tendrá que pasar su crisis, como cualquiera. Porque vamos a ver, si yo por la mañana, vestido con un traje elegante, de esos que más se parecen a una coraza ante el exterior, digo las cosas que digo y después, por la noche, cuando me quedo solo, sin acólitos, reconozco que he mentido y exagerado, ¿Cómo lo llevo?. ¿Me duermo sin más o me siento mal?. ¿Pienso que he cumplido con mi deber o he sido algo canalla?. Al fin y al cabo, todos somos seres humanos, tenemos una ética personal y social. No somos de piedra. Posiblemente para resolver estas dudas se tenga que meter uno a político.

Bueno, y para acabar como empecé, es decir, hablando de piedras, ahí va un refrán: cuando se tropieza por primera vez con una piedra, es culpa de la piedra. Cuando se tropieza con la misma piedra la segunda vez, la culpa es sólo de uno.



Antonio Gallego Rodríguez
Miembro del Foro Ciudadano de Zamora
Zamora, 29 de julio de 2005

 
 
 
 
Volver
Subir