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Todo
proyecto tiene tres etapas básicas que son: definición
y evaluación, puesta en marcha, gestión y análisis
de los resultados. Hay muchas más actividades en un
proyecto pero estas tres son etapas imprescindibles. Posiblemente,
la primera etapa es muy diferente según se traten de
proyectos públicos y privados, ya que existen valoraciones
sociales en los proyectos públicos que no existen en
los privados, pero el camino de análisis es similar
y necesario. Todo ello, una vez iniciado, necesita una planificación
en el tiempo que le otorgue credibilidad ante los ciudadanos.
Cuando cada uno de nosotros hacemos nuestros proyectos personales,
ya sea para comprarnos una casa o abordar un pequeño
negocio, reflexionamos sobre estas tres etapas básicas
antes de decidir si nos metemos en ello o lo dejamos.
Si nos fijamos en los proyectos locales, por ejemplo, los
que realiza nuestro Ayuntamiento, descubrimos que el procedimiento
que sigue no suele contemplar estas etapas sino otras muy
distintas como son: anunciar el proyecto a bombo y platillo,
como objetivo político que le permita sacar ventajas
electorales a medio plazo, sin buscar normalmente colaboraciones
previas con el resto de los partidos en la oposición,
de otros colectivos sociales o de personas que conocen el
tema, que lo enriquezcan y lo consoliden para el futuro; la
evaluación del proyecto queda reducida a declaraciones
genéricas, bien intencionadas y optimistas; se busca
posteriormente la financiación, en su mayor parte,
fuera de las posibilidades que tiene la propia institución
y se espera a que el tiempo vaya resolviendo los problemas
que nos encontraremos en el camino. Hay un interés
fundamental por anunciar el proyecto, como si bastase el anuncio
para considerar que el proyecto ya está realizado,
dejando totalmente sin control su evolución, que debería
coincidir en el tiempo, aproximadamente, con lo que piensa
el ciudadano.
Si analizamos varios proyectos recientes de nuestro Ayuntamiento
veremos, por desgracia, que esta situación se produce,
de una manera frustrante, en una parte importante de iniciativas,
que siempre son justificadas. El ciudadano, sin embargo, saca
una conclusión negativa y frustrante de todo ello,
que unido al clima pesimista que nos rodea como colectivo
social, sirve para incrementarlo. Tomemos dos ejemplos concretos
aunque tenemos, por desgracias, muchos más. El caso
del legado de León Felipe, es un caso de libro, de
un mal libro, como se puede comprender. Ya han pasado algunos
años desde que el Ayuntamiento compró el legado
del poeta, por un precio y unas condiciones económicas
excesivas y extrañas para muchos, ya que el citado
albacea llevaba mucho tiempo intentando encontrar su oportunidad
en otras instituciones, sin éxito, con el resultado
por todos conocidos. Ni tenemos Fundación, ni casa
museo ni tan siquiera están siendo conservados, gestionados
y difundidos correctamente los archivos documentales del poeta.
En su día, todo fueron arrebatos triunfalistas del
equipo de gobierno, y el tiempo y la realidad han ido enfriando
el proyecto. ¡Pobre León Felipe si levantara
la cabeza y viese lo que el albacea y los políticos
están haciendo con él¡. Otro proyecto
que sigue el mismo modelo es el Museo Baltasar Lobo. Al ser
un proyecto mucho anterior al ya citado, algo parece que ha
avanzado pero la situación actual sigue tan abierta
que nadie es capaz de predecir su final. Ahora sí,
ya hemos puesto nombre al famoso arquitecto que realizará
el proyecto, que ha venido a Zamora y se ha sacado las consabidas
fotos con el Alcalde. Por cierto, aún no ha confirmado
su participación en el proyecto pero se sigue sacando
provecho de esta posibilidad.
En la misma situación tenemos el teatro Ramos Carrión,
en este caso por parte de la Diputación, y el futuro
Auditorio a realizar en el teatro de la Universidad Laboral.
Palabras y más palabras. Los hechos y las realidades
nadie sabe cuando llegaran. Y yo me pregunto ¿Es que
las cosas no pueden ser de otro modo?. ¿La dinámica
política siempre exige ese camino?. Posiblemente sea
así ya que estas cosas parece que ocurren casi en todos
los sitios pero el ciudadano no debe aceptarlas, porque, básicamente,
se le está tomando el pelo. Debemos exigir que las
cosas se hagan de otra forma distinta, que los proyectos se
estudien, se evalúe su viabilidad y se logre el consenso
político y social más amplio para no estar a
la greña ya al día siguiente, con el perjuicio
negativo que esto supone. Que se conozca de antemano su viabilidad,
su fuente de financiación, las cargas progresivas que
supondrán para un municipio más bien pobre como
el nuestro su mantenimiento futuro, siempre respectando la
calidad del proyecto. Estudiar formas intermedias de colaboración
y puesta en uso para la ciudad, en el caso de que el proyecto
se alargue en el tiempo. ¿Cómo es posible que
no se haya realizado todavía una gran exposición
en Zamora con la obra de Lobo, no sólo para conocer
en profundidad los fondos adquiridos sino también para
atraer un turismo de calidad a la ciudad?. El hecho que exista
el Museo provisional no debe impedir que se haga este evento.
Lo mismo podría decirse de los fondos del legado de
León Felipe; en Zamora y en Castilla y León
existen instituciones suficientes que podrían haber
hecho ya la catalogación de sus fondos y puestos a
disposición del público e investigadores. No
se entiende que todavía estén guardados en cajas,
sin ningún uso. Esto es desidia, falta de sensibilidad
cultural, despilfarro de dineros públicos, apatía
del equipo de gobierno. No tiene otra explicación,
por muchas vueltas que se quiera dar al problema. Los ciudadanos
estamos ya hartos de recibir anuncios políticos de
proyectos que tardan años en ser realidad y que, además,
nos engañan con explicaciones amañadas que no
sirven más que para alargar y confundir la situación.
¡Basta Ya¡.
Antonio Gallego Rodríguez
Miembro
de Foro Ciudadano de Zamora.
8
de noviembre de 2004
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